El 1 de octubre, la plaza de Tiananmén amaneció repleta. Una banda militar interpretó el himno, miles de palomas surcaron el cielo y arrancó la Semana Dorada, un feriado de siete días. China celebró así su 77.º Día Nacional, el primero del nuevo ciclo marcado por el XV Plan Quinquenal (2026-2030), su hoja de ruta económica para los próximos años.
Qué fijó el plan
Presentado en marzo ante la Asamblea Popular Nacional, el plan estableció para 2026 un crecimiento de entre 4.5 % y 5 %, y dejó el ritmo de los años siguientes “dentro de un rango apropiado”, sujeto a las condiciones reales. Entre sus metas centrales figuraron un aumento anual medio del gasto en investigación y desarrollo de al menos 7 % y una reducción del 17 % de las emisiones de CO₂ por unidad de PIB entre 2026 y 2030. Para ejecutarlo, Pekín propuso 109 grandes proyectos en seis áreas con foco en las industrias del futuro.
Los analistas destacaron otras prioridades: las “nuevas fuerzas productivas”, la autosuficiencia tecnológica y un lugar central para la inteligencia artificial y la infraestructura de cómputo. También subrayaron la expansión de la demanda interna, reflejada en la meta de urbanización, que subió del 65 % al 71 % para 2030. La apertura a la inversión extranjera se mantuvo, aunque con cautela.
La voz de la Embajada en Lima
El mensaje llegó también a Perú. El 22 de septiembre, la Embajada de China celebró en Lima el aniversario de la República Popular junto con los 55 años de relaciones diplomáticas, que se cumplen el 2 de noviembre. El embajador Song Yang presentó a su país como un factor de estabilidad de la economía global, con cerca del 30% del crecimiento mundial durante años y señaló que la economía china creció 4,7 % en el primer semestre. Recordó además que el comercio bilateral se multiplicó por 2.600 en 55 años: de 19,3 millones de dólares a más de 50.900 millones en 2025 con China como principal socio comercial de Perú. El 1 de octubre, la Cancillería peruana respondió con un mensaje de prosperidad y bienestar dirigido al pueblo y al Gobierno chino.
Los desafíos
El contexto exigió prudencia. Un sondeo de Reuters calculó que la economía crecería 4,6 % en 2026, frente al 5,0 % del año anterior y 4,4 % en 2027. Capital Economics advirtió que la sobrecapacidad interna seguiría arraigada y mantendría a China dependiente de las exportaciones. Para sostener la actividad, Pekín fijó un déficit cercano al 4 % del PIB y programó una intensa emisión de bonos.
El feriado del Día Nacional puso a prueba el consumo. El Ministerio de Transporte proyectó cerca de 2.130 millones de desplazamientos, pero años de demanda contenida hicieron dudar de que esa movilidad se tradujera en gasto: el año anterior, viajes e ingresos seguían un 3 % por debajo de 2019, según Goldman Sachs.
Lo que viene
El éxito del plan dependerá de un equilibrio difícil: sostener la innovación y la fortaleza industrial sin depender tanto del mercado externo y lograr que el consumo interno gane peso. Si China lo consigue, llegará a 2030 con una economía más autosuficiente y socios como Perú tendrían que adaptarse a un comprador cuya demanda cambia de naturaleza. Si no, la distancia entre lo que produce y lo que consume seguirá siendo su mayor fuente de tensión.



